-¿Sabías que hay una leyenda sobre este puente? Hace mucho años una pareja de jóvenes se despidieron aquí. Él tenía que irse al extranjero pero le prometió al amor de su vida que volvería, pasara lo que pasara, volverían a verse en ese mismo puente. La joven acudía a ese puente cada mañana y cada noche, esperando a que un día cualquiera él apareciera por el final de la calle, la diera un beso y se la llevara en brazos. Aguantó el frío, la lluvia y las voces de todo el pueblo que la decían que no fuera ilusa, que él nunca volvería. Pasó así diez años, día tras día, esperando en ese puente. Hasta que una mañana en la que la lluvia te taladraba al caer del cielo pensó que quizá los demás tenían razón. Que ella solo era una pobre loca que seguía amando a alguien que se había olvidado de ella y que podría esperar siglos, que el nunca iba a volver. Asique se asomó al río, dispuesta a tirarse y a no aguantar más la espera ni la ausencia del joven. Lloraba con los ojos tan hinundados y sollozos tan sonoros que ni siquiera se dio cuenta de que desde el final de la calle su amado acudía corriendo a su punto de encuentro, gritándola y rogándola que no saltara. La muchacha, repleta de valor o cobardía, no lo sé, saltó del puente y murió ahogada, sin saber que su amor le era correspondido...
- ¿Pero y por qué me cuentas esto ahora?
- Hace tiempo me preguntaste qué me hacia seguir adelante, qué me hacía aguantar toda esta locura... Pues ésto es lo que me da fuerzas para tirar de mi misma. La esperanza de que algún día acabará el tormento, y de que no puedo rendirme mientras quepa una posibilidad. Y por eso lloro en silencio, porque las cosas buenas no avisan cuando llegan, y como estoy segura de que llegarán me mantengo alerta y sin hacer demasiado ruido.
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